MARINO VINICIO CASTILLO

Diciembre 11, 2006

A Don Juan, In-Memoriam
Estuve ausente algunas semanas por sensitivas razones de salud de uno de los míos. No pude, por consiguiente, integrarme a las múltiples muestras de recordación que se hicieron en el 5to. Aniversario de la muerte de Don Juan.

Examinando documentos a mi regreso encontré un artículo, que escribiera el 19 de noviembre del año 2001 a raíz de su desaparición, y pensé que podía resultar conveniente reproducirlo hoy, como parte de los homenajes póstumos que se le ofrecieran y como una muestra de toca las conciencias de los dirigentes importantes de su Partido en momentos en que parece abatirse en desencuentros estériles y en olvido peligroso del servicio a la Patria.

El ejemplo de Don Juan puede jugar un papel significativo en medio de estas bregas, por eso me permito reproducir “El Ejemplo del Decoro”:
“En todos los méritos suelen aparecer aportes del acaso. Por muy brillante que se llegue a ser, al actuar en medio de circunstancias, siempre habrá componentes fortuitos en la cristalización del mérito.
Desde luego, ello no significa que haríamos bien si nos apartáramos del esfuerzo, si abandonáramos todo ardor personal y nos arrellanamos a esperar que obre la buena fortuna del azar, o la fatalidad de un acaso.
Sabido es que la dedicación sostenida de los hombres es lo que impulsa verdaderamente las cosas, tanto en los planos personales de superación, como en las causas públicas y colectivas.

Si no está de por medio una determinación, apoyada en capacidad y destrezas, ningún proyecto logra éxito. Tanto es así, que se ha visto históricamente cómo los hombres tenidos por excepcionales guías de pueblos han desarrollado resoluciones apasionadas, obsesivas muchas veces, en procura de abrir paso a sus convicciones y designios.
Aún así, y pese a lo dominante que resulta el elemento personalidad, se encuentran en todas las experiencias altas dosis de acaso y una fuerte presencia de esas impredecibles circunstancias que terminan por parecer teniendo el control de muchos de los resultados, de triunfo o de fracaso.

En nuestro medio abundan los ejemplos, de toda suerte, al grado de que se ha esparcido una cierta abulia en muchos responsables bajo el predicamento, casi supersticioso, de que no vale la pena el sacrificio del compromiso, pues, a la larga, ocurrirán las cosas de cualquier modo, sin que sea determinante saber cómo se quisieron hacer.

Lo cierto es que la brillantez y fortaleza de un liderato se podrán evaluar mejor tomando por índice el factor que tenga más incidencia en lo que se asume como consagración del mismo. Mientras más pueda la personalidad que el acaso, más altos serán los méritos.

Eso sí, sólo en contadas y excepcionales muestras de lideratos se admitirá que el líder se impuso por encima de las circunstancias. Obrar contra ellas o sin ellas, o determinarlas, significaría el summun del liderato. Gandhi, Ho, Mandela, podrían ser arquetípicos.

Es por ello que, al producirse una ausencia tan sensible como la de don Juan, se hace necesario recordar su consagración permanente y plena a las tareas trascendentales que lo llevaran a ser pieza clave e imprescindible del acontecer nacional.

Decir que don Juan fue extraordinario sólo por su proeza política de fundar y desarrollar dos partidos políticos mayores sería descuidar el examen de las circunstancias cruciales en que tuvo que batirse, en todos los frentes, alcanzando una importancia abrumadora para los destinos públicos.

En el exilio, en la victoria electoral, luego de éste, en la turbulencia del desconocimiento del régimen democrático, en las angustias de la guerra civil, en las durezas de la ocupación extranjera, en el retorno al orden democrático, en los asedios y persecuciones de “guerra fría”, en los momentos de aparentes ocaso, cuando se aparta y repugna para salir a formar nueva legión, de ideales más limpios, en toda esa cadena interminable de acontecimientos, don Juan fue luminoso y decisivo.

Ahora bien, si se piensa en que aquel espíritu superior contaba con energías que iban más allá de todas las fatigas, no sólo para lidiar con esas cruentas y oscuras contingencias, sino también para producir y escribir notables obras, de todo género, habría que convenir en que fue un singular caso el suyo, en cuanto a que nada quedó a merced del acaso y que las propias circunstancias se supieron estremecer frente a su indómita voluntad, de inmensa fuerza interior, capaz de impedir que sus ideales básicos de servicios a su patria resultaran dañados o entorpecidos por obra de la malevolencia o el deshonor de agresores de toda laya. De don Juan queda, como reto y lección, su hoja de eminentes servicios dentro de una probidad que hacía horizonte. Su ejemplo se revitalizará al ser apreciado desde la lejanía que impone la muerte, acallados los rencores y dormidos los enconos que le combatieran con tan sañosa intransigencia.

Todo esto en un tiempo en que se hace desesperada la necesidad de tal ejemplo, cuando no cesan los atabales del desorden y mengua tan penosamente la estima por los verdaderos valores nacionales. Don Juan fue un portentoso exponente de talento, integridad y entrega a las causas mejores de la nación y, como tal, debemos proponerlo para la buena orientación de nuestras juventudes y las luchas del porvenir, si es que pensamos en las grandes enmiendas de que precisa la nación, expuesta a tanto extravíos por filosas asechanzas.

Más fuerte que el acaso, superior a las circunstancias, sus méritos son patrimonio impoluto del pueblo. Será ahora, cuando mejor se sabrá de ese titán del decoro y la perseverancia. Tendremos inevitablemente que iniciar el mejor culto a las memorias de nuestros insignes muertos, como medio de salir del ruinoso letargo de tantos vivos inmerecidos.
Bosch será un referente ideal para diferenciar lo fatuo de lo auténtico. Están en curso las circunstancias desafiantes de hoy. Vendrán otras, aún más complejas, que demandarán nuevas cualidades para ofrecer un balance de altos méritos. En todo caso, el decoro será el obligado caldo de cultivo de todo ello”.

La reproducción del Artículo la hago en la esperanza de que todos reflexionan, con prudencia, y sabiduría, acerca del desprendimiento, por lo mucho que tiene éste que ver con el servicio al pueblo.