POR: NELSON MARTE.- Otra señal preocupante es que el Poder Ejecutivo ha reaccionado de manera intolerante, en ocasión de que, asumiendo las reglas del juego democrático, el PRM ha hecho públicos y detallados cuestionamientos al sobrevaluado proyecto de Presupuesto 2016.

 

Santo Domingo, RD.-  Los tantos y hondos déficits que deja el balance de las políticas públicas del gobierno del presidente Danilo Medina, rebasan el marco del debate político, el coyunturalismo y la unilateralidad con que pueda hacerse cualquier enfoque interesado.

Midiendo por resultados, la administración Medina somatiza  un síndrome, un conjunto de síntomas y padecimientos que obligan a los sectores  interesados en el destino del conglomerado humano asentado en este territorio, a replantearse sin pasión o interés particular, lo que se hará en el corto y mediano plazos para asegurarnos de que el país pueda contar  más adelante con la plataforma de gobernabilidad que le permita iniciar el proceso de desarrollo económico, social e institucional pendiente de concertar.

El balance de la gestión Medina se agrava debido a que su proyecto de continuidad en el poder, sin más horizonte que la ambición del pequeño grupo que manda con él,  arrastra una seria erosión de la unidad de su Partido de la Liberación Dominicana, y la anulación como fuerza política de primer orden del Partido Revolucionario Dominicano, hasta hace poco pilar esencial de la institucionalidad democrática, y cauce frondoso de la aspiración de desarrollo humano del pueblo.

Los datos del fracaso. El presidente Medina basó el éxito de su gobierno en  la materialización de los pactos fiscal, educativo y eléctrico, insertados en la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030.

El primer pacto, concebido para eliminar los déficits fiscales que arrastramos desde hace años, y darle sostenibilidad al modelo económico nacional, estableciendo un sistema tributario que no hiciera más pobres a los pobres y que sirviera para estimular las inversiones y la producción, quedó reducido a la imposición de grandes cargas tributarias que gravan sobre todo el consumo, es decir, a la amplia franja de los pobres y los estratos bajos de la clase media, que son los que cargan más pesado en el mantenimiento de un estado tan deficiente y costoso como el nuestro.

El segundo pacto, para cuyo cumplimiento Medina tuvo a su favor la inversión del 4% del Producto Interno Bruto destinado financiar un sistema educativo de calidad, ha colapsado por completo con reclamos del sector empresarial por los rezagos frente a los desafíos; el reconocimiento del propio ministro de Educación de las deficiencias de los estudiantes en lectura, escritura y matemáticas, y al establecer el diagnóstico de un consultor del Banco Interamericano de Desarrollo, recién publicado por Acento.com.do,  que tanto en infraestructura como en materia curricular el programa Jornada Escolar Extendida, o Tanda Extendida es una caricatura de lo que debió ser. Ese desplome del sistema educativo había sido registrados ya por el Foro Económico Mundial y la Unesco que nos ranquearon en la cola del mundo y de América Latina, en desempeño educativo.

Y la concertación del Pacto Eléctrico quedó malograda cuando de manera unilateral, la administración del presidente Medina impuso la construcción de las plantas de carbón de Punta Catalina, con costos hundidos de inicio de contratación de unos mil millones de dólares, según se denunció en el proceso de licitación de la obra.  Ya empieza el gobierno a licitar precipitadamente la administración de las plantas a manos privadas, sin consultar ni escuchar a nadie, mientras no se sabrá los costos finales de construcción, de seguro bien altos.

Además de fracasar en la concertación de los tres pactos que definió como pilares de su gestión, el balance negativo en seguridad ciudadana, salud pública y seguridad social, producción agropecuaria, preservación del medio ambiente y recursos naturales, corrupción e impunidad, descrédito del Poder Judicial, crisis y descomposición en la Policía Nacional, fracaso de las políticas migratoria y fronteriza, veda a la exportación de nuestros dos principales socios comerciales, a lo que se agrega un endeudamiento desbordado y ya insostenible, entre otros renglones, alcanzan ribetes de colapso, como –por más que intente mediarlas el enorme y costoso aparato propagandístico del gobierno- trasciende a borbotones en los medios televisivos, digitales y escritos.

Las últimas graves evidencias conocidas de la falta de control del territorio nacional son la fuga de 2 pilotos franceses sentenciados a prisión por el tráfico de 700 kilos de cocaína, y que el gobierno tenía como presos de confianza, y la responsable denuncia del obispo emérito de Santiago, monseñor Fredy de Jesús Bretón, sobre las nuevas entradas masivas e ilegales de haitianos, en las últimas semanas, producto del fracaso total de la política migratoria y del control fronterizo del gobierno.

A ese frustratorio inventario, se agregan señales muy ominosas: el miércoles 21 y ayer de  nuevo,  el Poder Ejecutivo atropelló abiertamente el estado de derecho, al desacatar una sentencia del Tribunal Superior Administrativo refrendando el derecho constitucional a la libre circulación de las y los integrantes de la Cadena Humana que demanda investigación exhaustiva y castigo a los responsables de los hechos de extorsión, tráfico de influencia y corrupción que llevaron al suicidio al arquitecto David Rodríguez García.

Otra señal preocupante es que el Poder Ejecutivo ha reaccionado de manera intolerante, en ocasión de que, asumiendo las reglas del juego democrático,  el PRM ha hecho públicos y detallados cuestionamientos  al sobrevaluado proyecto de Presupuesto 2016.

Estado fallido. Ese memorial de deficiencias en la prestación de servicios, pérdida de control del territorio nacional y del monopolio legítimo de la fuerza, incapacidad para interactuar con otros países, como nuestros dos principales socios comerciales, ausencia de institucionalidad y vacío de autoridad son los parámetros que Fund for Peace, una entidad que promueve desde 1957 la sustentabilidad democrática y el desarrollo, usa para caracterizar a un país como Estado Fallido.

Si medimos por resultados, con el gobierno de Danilo Medina hemos perdido el presente. Es indispensable que cada quien asuma su responsabilidad para ganar el futuro, cortando por lo sano los peligros que pudiera acarrear un pretendido Trujillo del siglo XXI, como alertó en momento oportuno el presidente Leonel Fernández.