El presidente Danilo Medina en su lucha contra el analfabetismo, ha enarbolado la bandera de que todo ciudadano tiene derecho a la educación, y para ello ha rehabilitado escuelas, la tanda extendida es ya una realidad en la mayoría de las escuelas, así como el desayuno y el almuerzo gratuito.

El plan de alfabetización masiva llevada a cabo tanto por el gobierno como por voluntarios ha sido, según opina una gran parte de la población, su principal tarea al frente del Estado.
Pero, por otro lado, no se puede olvidar el derecho a comer que tienen el pueblo. La conocida expresión popular “el mal comío no piensa” encierra una gran verdad.

Nadie puede aprender con el estómago vacío, sin importar que tan buena pueda ser la educación que se reciba, el estómago reclama lo suyo.
El informe del Banco Mundial revela que en la República Dominicana el salario real del trabajador ha descendido en un 25% en razón de que cada vez se compra menos con más dinero y lo atribuyen a la no aplicación de verdaderas políticas de inversión que incentiven las exportaciones, el aumento del gasto público que deriva en mayores impuestos, así como la poca destinación de fondos para el gasto social por parte del gobierno.

Los comerciantes aseguran que el aumento constante en el precio de los insumos, no les permiten mantener estables los precios de los productos de primera necesidad que llegan al consumidor, las alzas en los combustibles, los costos de mantenimiento de los vehículos que transportan los productos, la tarifa eléctrica, y por último el aumento en el pago de los peajes.

No sólo los estudiantes deben comer, también deben hacerlo sus familiares y que no se olvide el gobierno, que no todos van a las escuelas públicas y que no todos los centros privados son para ricos o la clase media.

Se impone una política dirigida a garantizar que cada ciudadano, sin importar su condición, tenga asegurado, al menos, las comidas básicas: desayuno, almuerzo y cena.