Por Alejandro Almánzar

Navidad, época convertida en paganismo y mercantilismo religioso, también nos permite reflexionar, y pasar balance de cuánto debemos agradecer por lo alcanzado, en lugar de quejarnos por lo no recibido.

 

Hoy, abandono la agenda diaria, para reflexionar sobre los responsables de llevar información al mundo. Esos, que casi nadie conoce, porque como dueños de Medios, sólo aparecen en Revistas sociales.

 

Soy de esos, que tienen tanto qué agradecer, que necesitan de vidas, para devolver tanto bien recibido, y tanto mal convertido en bien, para superar las pruebas terrenales. De los que, carentes de todo, nunca les falta nada. 

 

Porque en cada etapa, como objetivos de Dios, para mi crecimiento espiritual e intelectual, ahí están. Agradezco a doña Margarita Canahuate, por dedicar su existencia a un Medio de comunicación, a través del cual he desarrollado mi carrera, y cumplir parte del compromiso asumido cuando escogí el periodismo como instrumento para aportarle a la sociedad.

 

Gracias, por darme la oportunidad de convertirme en efímero reportero de Diario Horizonte, así como por abrir un espacio en su prestigioso Diario, para las publicaciones de esta Columna, que por décadas forma parte de mi sello periodístico. 

 

A los que, desde distantes latitudes aprueban y reprueban los temas que en ella expongo. No es usted sola, muchos han tomado esa determinación, de no sólo informar, orientar y entretener al público, si no, proporcionar los tesoros que en el Cielo, el moho no corroe, ni pueden ser robados, el “conocimiento”. 

 

Contradiciendo aquello de “más fácil pasa un Camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar al reino del Cielo”, pues gracias a ustedes, “pobres”, enceuntran le verdad de que no es una virtud ser “pobre”, ni una afrenta ser rico, siempre que obren en bien de la humanidad.

 

Muchos dueños de Medios, en la mayoría de los casos son más ricos de consciencia que de cosas materiales. A todos, les estoy agradecido, aun los que ni se enteraron de mi existencia, a los que sabiendo de ella, me convirtieron en anónimo.

 

A periodistas santiagueros, que en esa época de lego comunicador se empeñaron en darme las herramientas para hacer del periodismo el mejor oficio del mundo. No me arriesgo a mencionarlos, porque son muchos, y omitiría nombres que el tiempo ha borrado. Algunos desencarnados ya, y andan por ahí hoy, sin saber que de ellos guardo sus grandes enseñanzas.

 

Si la labor del periodista es compleja, difícil y riesgosa, pocos tienen idea del calvario de los dueños de Medios para mantenerlos, desafiando la saña de políticos, empresarios e iglesias, bajo el lema de “claudica o te callamos”.

 

Enfrentados a esos intereses “intocables”, que por gravitar negativa y positivamente sobre la sociedad, necesariamente forman parte de la materia prima de la noticia, la información y denuncias, no dejo de agradecer a mis fuentes noticiosas de Santiago.

 

Para ustedes, Mi Venta Óptica, como reflexión final de este 2016, que se despide cargado de luces y sombras. Donde conflictos de poderosos provocan dolor, e inocentes llevan la peor parte. De esos niños que en Alepo, Siria, viven el rigor de la impiedad, nadie sabría sin su titánica labor.

 

Es como alcanzaremos el mundo de justicia que Cristo soñó. Es difícil decir Felicidades ante tantos sufrimientos, pero no renunciemos a desearlas, pues tal vez sea lo único que no nos impidan hacer.

 

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