República Dominicana.-  Mayo 19, 2016.-  El discurso de Luis Abinader 36 horas después de las elecciones del domingo tiene que ser visto no como una alocución dirigida a la sociedad dominicana en su conjunto sino a fortalecer su posición interna en el Partido Revolucionario Moderno del cual fue candidato presidencial.

Lo hace previendo situaciones beligerantes que inevitablemente vendrán en el PRM una vez haya discurrido el momentáneo duelo que embarga a los candidatos perdedores en un proceso como el pasado que tenía mucho en juego para determinados aspirantes, empezando por Abinader.

Las arengas con tintes marcadamente belicistas lanzadas por el abanderado del PRM en su intervención del martes, es apropiada y lógica para quien prevé momentos de gran tensión a lo interno de su formación política, de la cual no podrá escapar siendo probablemente el objetivo de factores claves en la organización que le ha lanzado al liderato—por el momento—de la oposición al Partido de la Liberación Dominicana.

Abinader conoce que cuando se avecinan problemas internos lo apropiado es buscar un contrincante afuera para distraer a los suyos y posponer las dificultades en casa mientras se arma la estrategia de lucha.

Eso lo hacen las naciones y lo hacen las organizaciones de cualquier naturaleza cuando se ve amenazado determinado predominio. De modo que Abinader está aplicando una lógica elemental que por ser elemental no deja de reportar beneficios estratégicos al menos a corto plazo.

El excandidato opositor es consciente de que la confrontación será inevitable en el ahora segundo partido del espectro, e imaginamos que ya habrá identificado de donde le vendrá el mayor desafío transcurridos unos meses tras el largo proceso y la juramentación del presidente Danilo Medina para su segundo término. Y ese peligro no será otro que Hipólito Mejía y su entorno. Un diablo a caballo en política que sorprendió al asumir frente a Abinader en las primarias del PRM una actitud tan relajada que puso a tirios y troyanos a cavilar acerca de qué buscaba el expresidente con su actitud.

En conclusión: el candidato opositor sabe que el 35% del PRM da para varias situaciones. Una, para despertar el apetito del primer empuje; dos, para endilgarle que no fuera candidato competitivo. Ambas cosas dan pelea por todos lados. De ahí su beligerancia del martes.