Por: Nelson Encarnación –  República Dominicana.-  Hay una faceta de la vida pública del fallecido ingeniero Hamlet Hermann que no se destaca y que, de alguna manera, queda opacada por su larga trayectoria de revolucionario, político y hombre de acción.

Fue un espacio fugaz de su existencia, pero lo suficientemente efectivo como para que se le destaque, sobre todo cuando uno se ve obligado a establecer las lamentables comparaciones. Me refiero al tiempo en el que Hamlet estuvo en la Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET), de la cual fue su primer director.

Con la autoridad que nos otorga ser una víctima cotidiana—como millones de dominicanos—del inmenso desorden que es el tránsito vehicular, particularmente en la ciudad capital, podemos decir que AMET solo sirvió cuando fue dirigida por Hamlet.

Se le tildó de arbitrario y de autoritario cuando, mediante la aplicación de la ley y las normas de tránsito, estableció los corredores exclusivos para autobuses del transporte y vehículos de emergencia, los cuales fueron estrictamente respetados inclusive por los endémicos revoltosos del “concho” y otros actores de la anarquía.

Hamlet estaba siempre al pendiente del discurrir ordinario del tránsito, sin estridencias mediáticas ni la figuración permanente de quienes tapan su ineficacia con una odiosa rimbombancia que deja ver las carencias.

Me veo en la obligación de valorar el paso de Hamlet por la AMET, pues cada tarde soy testigo de una situación permanente que dudo ocurra en cualquier otro país medianamente civilizado. Hablo de la odiosea que enfrentamos quienes tenemos la obligación de ingresar al edificio de Wind Telecom en la avenida 27 de Febrero esquina a Isabel Aguiar, donde tengo mi programa de televisión cada tarde.

Allí se ha establecido una parada de carros del concho y de autobuses que llegan del interior del país, los cuales bloquean la entrada a los ojos de agentes de AMET que, evidentemente, temen a esos revoltosos, pues cuando uno les pide que intervengan prefieren volver la espalda.

He sabido que cuando varias empresas de la zona le plantearon el problema a un antiguo director de AMET, respondió que no se podía hacer nada, pues esos “padres de familia” estaban protegidos bajo el manto sagrado de una de las federaciones de transportistas cuyo accionar consiste en doblarle el pulso al Estado. Con Hamlet Hermann esos irresponsables nunca pudieron.

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