Desde Mi Ventana Optica

Por Alejandro Almánzar

Rep. Dominicana.- Muchas veces, nuestro país ha sido sacudido por sucesos horripilantes, protagonizados por el narcotráfico, el Crimen Organizado y la delincuencia común. Esto se acentuó con la muerte por encargo, del senador Darío Gómez Martínez y varios ayudantes civiles del ex presidente, Mejía.

El miércoles 2 de Junio, de 2010, fuimos impactados con el atentado vil y criminal contra Jordi Veras, abogado y comunicador santiaguero, hijo del buen amigo, y hombre de bien, el doctor Ramón Antonio Veras.

Con el presente trabajo, no pretendemos revivir aquellos aciagos días vividos por él y su familia, pues para su salud mental y emocional, no es favorable, pero la última actuación del sicariato contra el periodista, Silvestre, nos obliga a lacerar sus heridas.

El martes 2 de Agosto, del presente año, los incontrolables del oscurantismo, volvieron a intranquilizar a la sociedad, después que asesinos a sueldos secuestraron y asesinaron al comunicador romanense, por su lucha contra el tráfico de drogas.

Ambos hechos guardan similitudes, con la diferencia, como dijera Jordi en una entrevista, él pudo vivir para contarlo, mientras este último, como tantos otros, no corrió la misma suerte. Atacados a tempranas horas de la mañana, el mejor indicativo de que estos criminales no duermen, si de ejecutar sus macabros planes se trata.

En medio del llanto y el dolor, según la prensa, la viuda del malogrado comunicador dijo “si hubiese sido mudo, estuviera vivo” y de ningún modo compartimos este juicio de la adolorida dama, pues precisamente, por eso es que hoy la nación se ha convertido en un infierno, porque muchos prefieren callar por intimidación o complicidad.

Estos delincuentes tienen que ser denunciados con responsabilidad, claro, sin hacer uso indebido del periodismo, como parece fue el caso del colega José Silvestre, que de forma enérgica enfrentó a estos escuadrones de la muerte, sabiendo que como arma sólo poseía su verdad, la tinta y el papel para denunciar sus acciones.

Del mismo modo que el abogado no se convierte en enemigo de la parte contraria en un juicio, que sólo persigue con su defensa la aplicación de justicia a favor de su defendido, tampoco el periodista puede llevar una denuncia a lo personal y debe escuchar las dos campanas, para hacer un ejercicio apegado a la verdad y objetividad.

La persecución, el enjuiciamiento y la condena, tenemos que dejárselo a jueces, fiscales y policías, mientras nosotros continuamos con la misión de denunciar sus barbaries. El comunicador que se dedica a denunciar sin estar documentado, cae en el “chantaje” y eso se paga con la vida.
Su error consistió, en abrirse tantos frentes al mismo tiempo, lo que al decir de las autoridades, fue aprovechado por el crimen organizado, para despistar a los investigadores. Finalmente, queremos resaltar la eficiente labor investigativa de la Policía Nacional, con relación a este caso, para que estos no se salieran con la suya.

alexalma0915@gmail.com