El término miopía lo tomamos en préstamo de la medicina y según la real Academia Española significa “defecto de la visión consistente en que los rayos luminosos procedentes de objetos situados a cierta distancia del ojo forman foco en un punto anterior a la retina.” Dicho en pocas palabras: “cortedad de alcances o de miras.”
En política abundan los ejemplos de actuaciones con objetivos de alcance limitado, con consecuencias desastrosas. Una característica propia de las democracias consolidadas es mantener fuertes partidos políticos, estructurados y con cultura donde predomina el derecho del militante, más allá de la opinión que divulgó en los eventos internos. Ese derecho es inmutable. Muchas veces candidatos que lucían ganadores, han perdido por la mala actuación en sus respectivas campañas, o por la debilidad de la cultura democrática.
Otros ejemplos lo dan las organizaciones políticas en su conjunto. Claro, no debemos olvidar que los partidos políticos son agrupaciones de hombres y mujeres quienes toman las decisiones y en muchos casos, todo depende de un caudillo dominante.
En las recientes elecciones en el Perú los candidatos Luis Castañeda, quien en el 2010 renunció a la alcaldía de Lima que detentaba desde el 2003 para postularse a la presidencia, Alejandro Toledo, ex presidente 2001-2006 y Pedro Pablo Kuczynski, ex primer ministro de Toledo, fueron incapaces de ponerse de acuerdo y darle al país una opción presidencial que representaría a la mayoría, según fueron los resultados de la primera vuelta electoral.
En las elecciones de 1998 en Venezuela, los partidos no fueron capaces de conformar una formula que representará una opción a los venezolanos frente a la entonces emergente candidatura de Hugo Chávez. Lo lograron parcialmente faltando dos o tres semanas antes de las elecciones y se vio como una suerte de compromiso electoral que no comprendía un programa de gobierno aceptable para el electorado. Los resultados en ambos ejemplos son del conocimiento público,.
Al principio del escrito afirmamos la necesidad de partidos democráticamente fuertes como fundamento de sociedades que ejerzan plenamente los derechos consagrados en las democracias. Gran Bretaña, quien exhibe con orgullo ser la democracia ininterrumpida más antigua del mundo, le pone mucho cuidado a velar porque siempre allí exista tanto un fuerte, estructurado y democrático partido de gobierno como uno de oposición. Algo similar pasa en EEUU. Se da el caso que un partido varias veces retiene el poder cambiando de gobernante aún dándose las reelecciones que permiten sus leyes. Esto último se ha visto recientemente en las 4 mayores repúblicas latinoamericanas: Brasil, México, Argentina y Colombia. En todos esos países, al igual que en Uruguay, la unidad oficialista ha sido capaz de ganar una nueva elección pero cambiando de líder.
En Chile y El Salvador sendos frentes partidistas con variación de candidatos gobernaron por lustros hasta que fuerzas opositoras lograron acceder al poder.
Todo esto tiene un mínimo común denominador; La trasparencia democrática. En los casos de Perú y Venezuela los partidos se debilitaron, sus estructuras se relajaron y la vocación democrática a lo interno disminuyeron peligrosamente. Los ejemplos del APRA y AD son evidencias notorias.
En los otros ejemplos, los partidos han sabido conservar una cultura a lo interno que gravitan sobre el electorado permitiéndole ser reflejo de la sociedad democrática que, con sus deficiencias, viven en esas naciones.
Difícilmente se obtienen triunfos sin la participación activa de la militancia toda en unas elecciones. Participar significa “compartir, tener las mismas opiniones, ideas, etc.”, Con deberes y derechos, con compromiso. O sea, ser parte integral de algo. Nuestra campaña aquí, en la República Dominicana, a la luz de la experiencia vivida dentro del PRD, con la escogencia de su boleta presidencial, en los años 1986 y 1996, la medición de las encuestas del momento y los resultados desafortunados para nuestro partido, pueden ser, el mejor consejero para guiarnos con visión y misión diferentes, que den al país, un gobierno reivindicador y honrado.
La miopía, no debe cegarnos con halagos y pretensiones inferiores, para el año 2016. Busquemos sin tapujos la Presidencia de la Republica en el 2012, y es Hipólito Mejía, quien tiene que tomar el toro blanco por los cuernos y hacer la unidad, para que no nos lamentemos todos, ¡después!

Por: Julio Maríñez
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