Por Alejandro Almánzar.-

Los haitianos no sólo tienen la “desdicha” de ser discriminados por potencias, que les cierran aire, mar y tierra para impedirles penetrar a sus territorios, y que miran para otro lado cuando la tragedia los abate, si no, que son dominados por una oligarquía nativa perversa e indolente.

 

Que sólo busca sacar capital político y económico de cada desgracia que afecte a su pueblo. Quienes en componenda con sectores extranjeros, empujan a los haitianos a abandonar su nación, y buscar nacionalidad que no les corresponde, con el único propósito de quedarse con lo que produce Haití.

 

Son esos, los que no agradecen la solidaridad del pueblo dominicano, cuando se desprende de sus limitados recursos para ayudar a los necesitados, porque cada desgracia haitiana, es una oportunidad que su indolencia no deja pasar.

 

Su mejor arma es, promover el anti dominicano, para distraer a los incautos, mientras los hunden en sus penurias. Por eso, les ponen trabas a los productos dominicanos, para mediante la especulación explotar a los pobres.

 

Tienen de aliados, a una clase política, tan indolente, como estos mercenarios del capital, pues no necesitan el voto de los ciudadanos, ya que, esos puestos al que llegan son en base a elecciones amañadas, las que decide un 10% de la población.

 

Creándole un panorama sombrío y desolador a Haití, que marcha hacia un destino incierto, por lo que los haitianos tarde o temprano deberán derrotar esa oligarquía indolente y criminal, que se ceba con el dolor y sufrimiento de su gente.

 

Una minoría acaudalada y poderosa, que impone las reglas de juego allí, sólo pensando en lo que le beneficia, sin importarle un carajo el bienestar de los demás, por lo que creemos llegado el momento de decirle “basta ya” a tanta ignominia contra los indefensos.

 

Es la razón, por lo que ven con enojo el envío de 500 camiones cargados de mercancías y una flotilla de equipos pesados para ayudar a recuperar el transito en su país, pues eso choca con sus intereses, y no lo pueden perdonar.

 

Empresarios y políticos, que aprovechan esas coyunturas catastróficas para burlarse de la miseria de un pueblo hambriento, poniendo de manifiesto la falta de escrúpulo y respeto por un conglomerado carente de todo lo humanamente posible para vivir.

 

Fueron esos mismos, los que atentaron contra la vida del ex presidente, Leonel Fernández, por llevar recursos suficientes para ayudar a Haití en su recuperación, después del devastador terremoto. Quienes pagaron en dólares y euros la campaña de descredito contra La República Dominicana, para obligarnos a asumir a los haitianos como ciudadanos nuestros.

 

Rechazan la “presencia de militares dominicanos” en su territorio, porque les resulta ofensivo, pero no protestan por la invasión armada que les imponen potencias a través de La MINUSTAH, que por más de diez años mancillan su “soberanía”.

 

Son unos perversos, que se lucran del dolor ajeno. Una oligarquía indolente, que olvida, dos años después del terremoto, el Estado dominicano entregó la Universidad Henri Christophe, a un costo de unos 30 millones de dólares.

 

Que luego, el presidente, Fernández, volvió con un cargamento de trece mil libros para dicha institución, mientras la mal llamada comunidad internacional se quedó en ofrecimiento de ayudas, que aún seis años después no llegan.

 

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