Por Nelson Marte

La caída de la favorabilidad del presidente Danilo Medina, la falta de credibilidad popular incluso en sus juramentos por el Santo nombre de Dios, y el rechazo generalizado al pacto por la reforma reeleccionista que involucró la violación del derecho a elegir y ser elegidos de miles de dirigentes del PLD y el PRD, está generando delicados niveles de desesperación en Palacio.

He enumerado múltiples evidencias de que la alta popularidad de que estuvo disfrutando el presidente Medina, hace meses que viene “cuesta abajo en su rodada”, como identifica ese descendimiento el colega y amigo Arsenio Hernández Fortuna.

Esta semana a los escribidores y bocinas digitales al servicio de la ambición continuista les bajaron línea para regalar a la oposición una nueva evidencia de esa tendencia a la baja, que al entender de la estrategia comunicacional de Palacio podía ser contenida tratando de descalificar a la oposición, especialmente al Partido Revolucionario Moderno, beneficiario del descalabro de la favorabilidad del Presidente-candidato.

Tanto los escribidores como las bocinas digitales que operan en FaceBook, Twitter y los teléfonos inteligentes, se centraron en esta semana en ataques personales con insultos, comparaciones obscenas e intentos de descalificar personalmente a líderes opositores.

Cuestionan además que dirigentes de la oposición tengan contratos de servicios o asesorías, que empresas de sus familias vendan artículos y productos al Estado, lo que rememora de inmediato el viejo estigma que pesa sobre el peledeísmo de creerse que el gobierno, el Estado y el país les pertenece sólo a ellos, lo que precisamente llevó al balaguerismo a ponerles esa mancha indeleble que es el mote de comesolos.

Comesolos, los llamó el balaguerismo, porque ni en la tiranía de Trujillo y muchos menos en el despotismo ilustrado de Joaquín Balaguer, 1966-1978, se le impidió a desafectos al gobierno ganarse el sustento de sus familias o venderle bienes y servicios al Estado.

Es más, Balaguer mantuvo en sus gobiernos a conocidos opositores políticos, entre los que había dirigentes y militantes del PRD, socialcristianos y comunistas, muchos de ellos trabajando sobre todo en la entonces Corporación Dominicana de Electricidad y en la secretaría de Agricultura.

En la primera institución laboró durante años Moisés Blanco Genao, aguerrido combatiente del Movimiento Popular Dominicano, quien incluso llegó a ser su administrador general. Ramón Almánzar ganó notoriedad y liderazgo público combatiendo a Balaguer desde la Asociación Nacional de Profesionales Agrícolas, y laboró en Agricultura.

Llegó al extremo Balaguer en esa apertura de oportunidades a los opositores, que retornó a la secretaría de las Fuerzas Armadas al general Elías Wessin y Wessin, a quien había puesto en prisión tras acusarlo ante el país de ser un “conspirador impenitente”.

Del propio presidente de la República, en cuya defensa se lanzan esos ataques desconsiderados a la oposición, se dice en un trabajo biográfico que “Para poder financiar sus estudios universitarios, Danilo Medina ingresa al servicio público en 1973 al aceptar un empleo en la Dirección General de Aduanas, trabajó en la sección de valoración de mercancías para la liquidación de impuestos”, cuando ya venía de ser dirigente de la aguerrida juventud estudiantil perredeísta en su natal San Juan, y a su ingreso a la Universidad Autónoma de Santo Domingo se incorpora al frente universitario opositor a Balaguer.

Los danilistas, a quienes en vez vez de “comesolos” la gente los está llamando “cometodo”, pregonan ahora que del dinero que todos los dominicanos y dominicanas pagamos de impuestos, sólo los gobiernistas y sus aliados y servidores pueden recibir retribuciones o pagos por servicios o venta de bienes.

Sólo en la desesperación de la caída inesperada, y en el magro conocimiento de la historia del país que tienen sus asesores extranjeros, pudo Palacio permitir que se bajen línea para que la comunicación al servicio de la ambición continuista esté acudiendo al reconocimiento público de que el Estado, el gobierno y el país son sólo del grupo del PLD aposentado en Palacio.

Y que se recurra a una campaña infamante de ataques personales e intento de descrédito a la oposición, faenas que se creían propias sólo del nazismo o de ciertas versiones trasnochadas y pequeñas del ultra izquierdismo.