Por José Pérez  Méndez.

Desde la conquista de América por parte de los Europeos hasta nuestros días, el ejercicio de la soberanía por parte de los países de América Latina, incluyendo El Caribe y América Central, ha sido prácticamente inexistente.

Primero fue la dominación de España e Inglaterra, así como también Francia, y luego vino la llamada Era Imperial en que Estados Unidos entró en competencia con Europa por territorios en América Latina.

Los pueblos de América Latina han sido históricamente subyugados por las élites foráneas, que mediante la fuerza han impuesto su poderío y sus intereses en esta región.

La falta de Unidad y de un Liderazgo fuerte y comprometido con la causa de su pueblo ha facilitado a las élites foráneas hacer realidad sus aspiraciones imperialistas en esta región del mundo.

Tradicionalmente las élites económicas y políticas de casi todos los países de esta región han preferido someterse al dominio de las élites foráneas para explotar a sus propios pueblos.

El fin de la guerra fría empezó a producir  un nuevo escenario  en que nuevas fuerzas políticas y económicas hicieron alianzas para ejecutar proyectos nacionales para beneficio de sus respectivos países y de sus pueblos.

Pero aún subsisten sectores políticos y económicos que entienden que es mejor y más provechoso para ellos mantener y reforzar sus alianzas con las élites foráneas y mantener la dependencia y el status quo en sus países.

En el caso específico de la República Dominicana el escenario se caracteriza por la existencia de dos bloques bien definidos: Un bloque encabezado por el PLD y otros partidos políticos que con apoyo del gran capital nacional promueve el desarrollo del capitalismo; y un segundo bloque que encabeza las representaciones de la élites foráneas, el PRM y partidos aliados, así como también un sector de la pirámide empresarial aglutinada en el CONEP,  que busca mantener el status quo, la dependencia y el subdesarrollo.

El PLD  y sus aliados están en el poder desde hace ya 12 años consecutivos porque el pueblo dominicano mayoritariamente los ha apoyado dándole el voto en varios procesos electorales. Esto último ha generado una situación de frustración en la oposición, en la élite foránea y ciertos grupos de poder económico que quieren sacar al PLD  del poder a como dé lugar.

Es en ese contexto que hay que ver la cancelación del visado al Presidente de la Junta Central Electoral por parte de la embajada norteamericana. Un hecho sin antecedentes en la historia del país y que busca amedrentar a quienes desde las posiciones públicas hacen ejercicios de soberanía política que no benefician los intereses de las élites foráneas.

El liderazgo político nacional y los grupos económicos nacionalistas comprometidos en el actual proyecto de nación deben dar una respuesta que al mismo tiempo que sea inteligente también debe ser corajuda y valiente, de tal manera que les quede claro a las élites foráneas y sus aliados internos que todo no es negociable  en las relaciones con ellos.

La soberanía política es la primera condición para que un país pueda desarrollarse ya que el subdesarrollo fue una consecuencia del avance arrollador de las fuerzas foráneas en busca de fuentes de materias primas, de destinos de capitales y productos terminados para sus élites económicas, y para lo cual tenían que poner en el gobierno a legítimos representantes de sus intereses.

La emisión de la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional fue un ejercicio de soberanía nacional y como tal fue enfrentado por las élites foráneas que quieren mantener subyugado al país a sus mandatos e intereses.

El país debe unirse porque se enfrenta a un enemigo poderoso y solo la unidad garantizará la continuidad del actual proceso de desarrollo del país para lo cual la soberanía es imprescindible.

La consigna del momento debe ser la  Unidad para defender la soberanía y la autodeterminación del pueblo dominicano.

El autor reside en New York.