Como el dominicano olvida el pasado, sin importar las consecuencias sufridas, tanto los medios de comunicación, como el periodista independiente, sin responder a intereses de quienes compran y venden opiniones interesadas, deben refrescarle la memoria.

 

No para vivir enclavado en el pasado, si no, para no dejar en el olvido a nuestros verdugos del ayer, a esos políticos y empresarios que se reparten el Estado, como si se tratara de una finca que Duarte les dejó en herencia.

 

Pocos sistemas económicos del mundo habrán sido tan vilmente asaltados como el nuestro. Al parecer, la capacidad productiva de República Dominicana no tiene límite, y sólo la corrupción evita convertirla en una (Pequeña Potencia Económica).

 

Desde los 90s, el sistema bancario se convirtió en la espada de Damocles, creando pobreza y malestar económico, en lugar de bonanza. Todo comenzó, con la quiebra del Banco Universal, o Centro Financiero Universal, de Leonel Almonte. 

 

Este empresario, después de ser el centro de atención, por sus logros económicos exhibidos, pasó a ser un personaje siniestro, por la forma vil, como dispuso de los recursos de sus ahorrantes en dicho banco, haciendo transacciones ilegales.

 

Provocando el trauma de miles de personas, algunas de las cuales murieron reclamando justicia, y la devolución de su dinero bien ganado, encontrando oídos sordos en las autoridades responsables de la finanza y la banca.

 

Le siguió BANCOMERCIO, otro banco operado por un joven empresario, llamado José Ureña, (Nene). La historia reveló que en cada caso se usaron los mismos mecanismos, inversiones no autorizadas y manejos turbios de sus administradores.

 

Pero, lo peor estaba por venir, un verdadero Tsunami financiero, quizás el que más puso a prueba esa capacidad de generar riquezas del país, BANINTER, en 2003, estalló este nuevo escándalo, que dejó perplejos a todos.

 

“En BANINTER, se puede confiar”, Sammy Sosa, decía estar “tan sólido”, como este, y parece que sí, pues desde entonces, su poderío ofensivo decayó. Ese agujero económico se cifró en más de 55 mil millones de pesos, poniendo de rodilla todo un esquema económico, en perjuicio del pueblo, que debió pagar este robo.

 

Luego siguió BANCREDITO, su agujero, según las autoridades, sobrepasó los 17 mil millones de pesos. Estamos rememorando, que cuatro familia, dispusieron del presupuesto de más de diez años del país, teniendo el ciudadano de a pie que cargar con la desgracia causada por la buena vida que estos se dieron y siguen dándose.

 

Como sé, amigo lector, que en un futuro usted o los suyos encontrarán una calle, avenida, Bulevar o parque identificados con estos nombres, manténgalos en su memoria, como aquellos que se robaron el sudor del que trabajó en buena lid, creando bancos paralelos, a los que la autoridad, según ellos, no tenía acceso.

 

Son ellos, Leonel Almonte Vásquez. José (Nene) Ureña. Ramón Báez Figueroa. Marcos Báez Cocco. Luis Álvarez Renta. Vivian Lubrano. Manuel Arturo Pellerano. Felipe Mendoza. Y agrégueles, a Pedro Julio Goico Guerrero, e Hipólito Mejía, entre otros.

 

Estos fueron los que se llevaron el dinero con que el país tener resuelto el problema de transporte, agua, salud, vivienda y educación. Pero, recuerdes también, que los discípulos de Bosch, se convirtieron en el manto de su impunidad, con lo que todo quedó arreglado, menos el sufrimiento de los pobres.

 

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