Por: Alejandro Almánzar.-  (República Dominicana)  Mientras recibíamos la materia de Ética Profesional Aplicada, impartida por el ilustre Laureano de la Cruz, discutíamos sobre lo ético y lo moral. Por ejemplo, no es ético denunciar a mi hijo por un hecho, pero es inmoral encubrirlo.

 

Como sí, para salvar a tres niños, que caen a la vía férrea, lanzo a mi suegra, para que en lugar de ellos, ella sea la víctima. Para familiares de los niños, sería su héroe, mientras mi esposa me verá como el verdugo de su dolor.

 

El buzo que se encontró la alta suma de dinero en el Vertedero, quizás se vio en esta encrucijada, al pregonar su hallazgo, aparecerían falsos dueños. Si los entregaba a autoridades provinciales, finalmente no sabría su destino final. 

 

No sería ético, hiciera uso del mismo sin esperar que apareciera su propietario. Quienes escogen los vertederos como medios de ganarse la vida tienen un alto concepto de la alquimia. Capaces de transformar el hedor en perfume, la basura, en un metal precioso, para alimentar a los suyos dignamente, en lugar de tomar una pistola para asaltar, robar o atracar.

 

Partiendo de ese concepto, el joven “buzo”, que encontró esta fortuna, la cual fue a parar a ese lugar de manera accidental, debió meditar que tenía dueño, que sólo es asunto de tiempo para ser reclamada.

 

No se trata de cientos de pesos, si no, de una suma millonaria, y compañeros suyos, tal vez insatisfechos con la repartición, lo denunciaron con policías corruptos, para que fueran a buscar parte del botín.

 

Familiares y allegados, aseguran que el dinero es de ese “pobre” muchacho, que Dios se lo puso en el camino, no para medir su nivel de honradez, si no, para que repartiera entre sus conmilitones algo que clamará por su dueño.

 

Condenan  la delincuencia policial, pero justifican que este se quede con lo ajeno. ¿La sociedad de los trapos rotos, o la moral perdida? En otros tiempos, la familia le hubiese aconsejado, “no toques ese dinero, hasta que aparezca su dueño”. “Si nadie lo reclama, es tuyo, pero de lo contrario, debes devolverlo”.

 

Policías, que como hienas hambrientas, fueron en trulla a quitarle la presa al león. Pero si mal actuaron esos agentes, el joven buzo y compartes tampoco exhiben buena conducta. No deploran, que el buzo y policías corruptos se repartieran lo ajeno, sabiendo que esta suma, al vertedero sólo llega por un error humano. 

 

Identificar sus auténticos dueños es fácil, pues estas papeletas están enumeradas con series y barras lectoras, que el Banco Central o Junta Monetaria pueden determinar la entidad o persona a que pertenecen. 

 

Aunque por el momento se evidencia el poco control del sistema monetario y financiero que tienen las autoridades, pues donde existan mínimamente esos parámetros, nadie depositaría dinero en un banco sin demostrar procedencia. 

 

Nuestros bancos son Lavanderías de dinero proveniente de actividades ilícitas. De seguro, que parte de ese dinero fue a parar a cuentas personales del buzo y estos agentes, sin que nadie pregunte su origen. 

 

Y es que, toma fuerza eso de, “todo estará perdido, cuando los malos sirven de ejemplos, y los buenos, de burlas”.  Un país, donde “el que nada tiene, nada vale”, terminará en el Vertedero de buzos y policías inmorales.

 

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